El origen de los frijoles maneados

El origen de los frijoles maneados

Algunos platillos tienen un gran recorrido, se han servido desde hace muchos años y las personas los han popularizado hasta el grado de decir: “esto y aquello es típico de la región, debes de probarlo”.

Y tal vez ese sea el caso de los frijoles maneados, pues prácticamente se han convertido en un must de la comida sonorense, una tradición al centro de la mesa que indica el comienzo de una comida exquisita.

Y también el inicio de este momento:

Sumergir suavemente una tortilla sobaquera en un platillo embarrado de frijoles refritos suculentamente mezclados con queso asadero y machacados con chorizo, longaniza y manteca de cerdo; un momento que se convierte en la sensación de ir y venir entre sabores que desearías que nunca se acabaran.

“Sumergir suavemente una tortilla sobaquera en un platillo embarrado de frijoles refritos suculentamente mezclados con queso asadero y machacados con chorizo, longaniza y manteca de cerdo; un momento que se convierte en la sensación de ir y venir entre sabores que desearías que nunca se acabaran. ”

Un momento especial y a la vez delicioso que sirve para dar entrada a la platillos más fuertes como cortes de carne o bebidas que marcan el inicio de una tarde o noche llena de hambre, charlas, risas y diversión.

Pero… ¿Cuál es el origen real?

A diferencia de otros platillos o entradas, los frijoles maneados son “algo nuevo”, ya que forman parte de un antes y un después en la gastronomía sonorense, la cual básicamente se divide de la siguiente manera:

  • Antes de que llegara lo bueno: la gente se abastecía de la caza, la pesca y algunos granos.
  • Después de que llegara lo bueno: se trabajaba con el ganado, las carnes, el trigo, y con ello, las tortillas de harina; las leguminosas y los frijoles.

¿Y qué es lo bueno?

Todo aquello que se descubrió que podía brotar de las tierras sonorenses, eso que podía cultivarse y cuidarse para que después apareciera en la mesa de alguien –cualquiera– y dijera “esto está rebueno”. O sea cuando los españoles aparecieron y nos dieron una “ayudadita” con sus destrezas agricultoras y ganaderas.

Después, las personas fueron haciendo frijoles, le agregaron manteca de cerdo, chorizo, tocino ahumado en trocitos tiernos combinados con queso manchego y chipotle: todos los elementos e ingredientes que ya dominaban y su ingenio los hizo mezclarlos para crear algo maravilloso.

Así de simple… Sólo hay algo más que agregar y es lo más importante: cualquiera puede comer frijoles refritos, cualquiera los puede preparar –del modo que sea–, pero cuando están maneados al estilo sonorense se crea otro tipo de efecto:

“Miras al de a lado con las pupilas dilatadas y lo convences de que son los mejores frijoles del mundo. Después, vuelves a la normalidad, das un trago o dos a tu bebida, sueltas una que otra palabra y cuando sumerges de nuevo tu tortilla en aquella cazuelilla de barro, otra vez tratas de convencer a todo el mundo de que son los mejores frijoles del planeta. ”

Y si bien es cierto que este tipo de frijoles son una “probadita” de lo que te espera, también sirven para romper el hielo al decir: “esto es algo típico de Sonora, debes de probarlo”; son –además– el recuerdo de un sabor que te hace decir: “tengo ganas de un buen corte, pero vamos ahí, porque ahí te dan frijoles maneados”.

¿No crees que este efecto sea posible? En restaurante Palominos te retamos a comprobar esta teoría, eso que que te hace convencer a todos los demás de que son los mejores frijoles que hayas probado en tu vida.

Visítanos en la tarde, noche; con tus amigos, tu cita, tu familia o después del trabajo, pues siempre te recibiremos con lo mejor de la gastronomía sonorense.

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